Esta condición, conocida también como enfermedad celiaca, se origina por alteraciones genéticas

Para las personas que desarrollan intolerancia al gluten, especialistas recomiendan una dieta estricta con alimentos naturales como carnes, legumbres, frutas, verduras y cereales, principalmente maíz y arroz; y no ingerir alimentos empaquetados o procesados.

Los pacientes con intolerancia al gluten deben tener cuidado para evitar descompensaciones por la falta de calcio, carbohidratos, proteínas, pérdida de masa muscular y reponer los micro nutrientes como el hierro, ácido fólico, calcio, cobre, zinc y vitaminas B y D.

Algunos productos que pueden contener gluten y que deben evitarse, entre ellos: embutidos, salsas, condimentos, postres, lácteos, chocolates, turrones, botanas e incluso maquillaje.

Para que no haya deterioro de las vellosidades en el intestino, que es una de las características de la intolerancia al gluten, el consumo de éste debe de ser menor de 10 miligramos al día.

La intolerancia solo se controla y quienes la padecen deben atenderse porque tienen el riesgo de desarrollar otras enfermedades como el linfoma no Hodgkin, cáncer de intestino, adenocarcinomas esofágico, pancreático e hígado; cáncer de mama, pulmón y colon; padecimientos cardiovasculares, diabetes tipo I, tiroiditis, enfermedad de Addison, Síndrome de Sjögren, lupus, hepatitis autoinmunes y nefropatías, entre otros.

Las personas desarrollan intolerancia al gluten por una predisposición genética y puede ocurrir desde muy temprana edad. Este padecimiento, denominado también enfermedad celiaca, es de origen desconocido, aún no se ha demostrado el mecanismo o el motivo de acción que desencadena los síntomas.

La intolerancia al gluten se divide en la forma clásica, sintomática, asintomática o silente; y la subclínica, con alteraciones bioquímicas o de laboratorio.

En cuanto a sus síntomas el cuadro clínico puede ser variar de acuerdo con la edad: en niños de uno a tres años, principalmente se presenta con diarrea, inflamación abdominal, dolor, náuseas, vómito, falta de apetito, retraso en el crecimiento, altera el carácter y produce irritabilidad.

En la adolescencia, añadió, se pueden retrasar los signos de la pubertad, crecimiento y talla; o presentar anemia ferropénica e hipertransaminasemia y diarreas. En la tercera y cuarta década de la vida, el síntoma clásico es la diarrea crónica, aunque hay otros atípicos como abortos recurrentes, infertilidad, osteopenia y osteoporosis en mujeres.

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